Tic, tac... tic, tac... han pasado un par de noches desde que llegué a su vida, hoy por fin me sacó de su bolso, retiró el plástico que me p...

Trazos de medianoche

Tic, tac... tic, tac... han pasado un par de noches desde que llegué a su vida, hoy por fin me sacó de su bolso, retiró el plástico que me protegía y me dejó en su escritorio, colocó un par de carboncillos sobre mi y se mantuvo trabajando a mi lado durante un par de horas, la observaba, tenía la mirada cansada y estiraba el cuello cada cierto tiempo, una gran taza de café nos hizo compañía hasta que su celular sonó a eso de las 4am, lo miró, sujetó su rostro entre sus manos y arrojó un suspiro que confirmaba el hartazgo y la tristeza que emanaban de ella, se levantó y se fue sin apagar el ordenador... no volvió ese día.

A la mañana siguiente llegó, justo después de darse una ducha, lo sé porque sus manos aún estaban húmedas cuando me sujetó, me observó fijamente durante un par de minutos, hubo un momento en que su rostro mostraba un dejo de súplica ¿quería acaso que yo le dijera que plasmar? ¡Eso era imposible! Y al parecer ella misma se dio cuenta y comenzó a garabatear, ninguno de sus trazos parecían tener sentido, líneas cortas, líneas largas, un par de trazos gruesos por aquí y algunos casi imperceptibles por allá... y luego comenzó a unirlos formando una rosa, o lo que quedaba de ella, sus pétalos yacían apenas a unos centímetros de lo que había sido su hogar, pero no quedaba nada de aquella belleza que suele atañírseles... Cuando terminó soltó el carboncillo y la vi parpadear un par de veces, entonces entendí que estaba volviendo en sí, que aquella joven que había estado frente a mi hace unos momentos distaba mucho de la que ahora posaba su mirada sobre mis hojas, sus ojos se humedecieron y fue entonces que arrancó de mi esa página con tanta fuerza que, de haber tenido sangre, me hubiera creado una gran hemorragia.

Pasaron los días y ella no volvía, la observaba en la distancia, unas noches llegaba ebria, otras tan cansada que llegaba apenas a tirarse a la cama, hubo algunas ocasiones en que cruzamos miradas a lo lejos, pero no se atrevía a acercarse... hasta la madrugada del jueves 14, o eso decía el calendario en la pared, llegó muy tarde del trabajo, se tambaleaba, seguramente tuvo un pésimo día y se refugió en el alcohol, la recuerdo yendo a la cocina y caminando hacía mi, traía consigo una copa de vino y un plato con bocadillos que no alcancé a distinguir, de nuevo tomó un carboncillo, lo puso en su boca un par de veces y solo lo retiraba para tomar un sorbo de vino; después del sexto sorbo sonrió triunfal, al parecer la inspiración le había llegado y yo estaba listo para verla fluir, esperaba ansioso por llevar su creación y comenzó, sus trazos estaban lejos de ser perfectos, se justificaba por la cantidad de alcohol que había en su cuerpo, pero aún así, parecía feliz y yo, me concentré tanto en las emociones que habían en su rostro, que en algún punto dejé de prestar atención a lo que dibujaba en mi; minutos más tarde soltó el carboncillo y la vi esbozar una sonrisa tan amplia como perfecta que lo único que quise fue ver su obra... era ella... era ella sobre este mismo escritorio, conmigo, con el ordenador, con la copa de vino ya derramada y los bocadillos olvidados en un rincón, era ella manchando mis hojas con la sangre que brotaba de su antebrazo, era ella dejando de ser ella y, si hubiese sido algo más que un cuaderno habría podido hacer algo, pero ahí estaba ella, fuera de mis hojas, cortándose de a poco en poco, haciendo realidad su obra, muriendo sobre mi.

0 comentarios: